Rudy Pérez cuenta sobre su vida en el libro ‘El Latin Hit Maker’

Rudy Pérez es sinónimo de éxito en la industria musical: ha trabajado con luminarias como Beyonce y Julio Iglesias,y es el único latino que ha recibido el Premio Billboard al Productor de la Década. Menos conocida es la historia de lucha y superación del compositor, productor y arreglista cubano ganador de cinco premios Grammy.

Pérez, quien en general ha optado por mantener una presencia discreta, ahora quiere inspirar a los jóvenes a que luchen por sus sueños a través de El Latin Hit Maker (The Latin Hitmaker), un libro publicado la semana pasada por el sello cristiano Zondervan de HarperCollins, en el que cuenta cómo el chico nacido en la pobreza llegó a crear éxitos para Christina Aguilera, Il Divo, Natalie Cole, Michael Bolton, Marc Anthony, José Feliciano, Cyndi Lauper, Arturo Sandoval, Andrea Bocelli, entre otras estrellas.

“Yo era un niño que tomó algunas veces direcciones equivocadas”, dijo el músico de 61 años, criado en el seno de una familia católica que llegó a Estados Unidos hace medio siglo, en una entrevista reciente. “Pero la pasión por la música y por mi sueño venció eso y pude lograr el futuro que tengo en un país que me abrió las puertas como inmigrante, como refugiado”, agregó.

En el libro, coescrito por Robert Nolan y disponible en inglés y español, Pérez comparte momentos muy duros de su infancia: sus primeros cinco años de vida los pasó visitando a su padre encarcelado por el régimen de Fidel Castro; y, justo cuando se disponían a salir de la isla con los Vuelos de la Libertad auspiciados por Estados Unidos, un agente detuvo a su madre en el aeropuerto en un evento que hasta hoy recuerda como traumático.

“Estamos casi llegando al avión en medio de una fila de militares a cada lado con rifles, que ya en sí eso era una cosa terrorífica para niños, (cuando) de pronto salió un guardia y se le paró adelante a mi mamá y dijo: ‘Todos ustedes pasen, ella no se va’”, dijo.

 “Gracias a Dios que nosotros fuimos tan rebeldes los niños y lloramos tanto, hicimos una bulla tan grande que pudimos lograr (que la soltaran) y al final mi mamá pudo salir de Cuba”, añadió en referencia a sus dos hermanas y un hermano.

Una vez en su ciudad adoptiva de Miami, fue objeto de acoso escolar por no hablar inglés y a los 15, ya en la secundaria, se vio obligado a unirse a una pandilla y terminó pasando seis meses en un centro de detención juvenil. Ese tiempo, aunado a su fe religiosa y el apoyo de su familia, le permitió darle un giro radical a su vida.

Lo suyo era la música -tanto así que a los 13 pasó un año trabajando en una fábrica de alambre de púas y ayudando a su padre en obras de pintura y construcción para poder comprarse su primera guitarra eléctrica y amplificador- y a la música se dedicaría.

“Todas las batallas de salir de los barrios para poder hacer algo en la vida y llegar a ver las cosas tan extraordinarias que hice fue solamente por la gracia de Dios, por mi constante lucha de seguir y seguir y no detenerme a mirar hacia los lados”, dijo Pérez.

“La gente no tiene la menor idea del trabajo que yo invertí en mi carrera, las puertas que se me cerraron, las veces que dije ‘sabes qué, me están diciendo que no pero esto no es no para siempre, esto es no tal vez hoy, quizás mañana también, pero quizás la semana que viene me dicen que sí’. Y yo era persistente, tenía mucho ‘drive’ (empuje)”, indicó.

Ese “drive” lo llevó a componer más de 1.000 canciones, cientos de las cuales han encabezado o figurado en las listas de popularidad, y le ha merecido reconocimientos que incluyen unas 19 nominaciones al Grammy o Latin Grammy y cinco gramófonos dorados como productor y/o compositor, por títulos como “Le Lo Lai” y “Por qué te tengo que olvidar” de José Feliciano, “Cosas del amor” de Ana Gabriel y Vicki Carr, el álbum “Mi reflejo” de Christina Aguilera y “Aries” de Luis Miguel.

El Latin Hit Maker habla de un país que lo recibió como inmigrante muy distinto a los Estados Unidos de hoy en día. Pérez expresó su solidaridad con los migrantes, aunque se abstuvo de emitir juicios políticos.

“Solamente puedo contar la historia mía, no puedo estar en el pellejo de ellos ni en los zapatos de ellos porque solamente ellos y Dios saben lo que están pasando. Pero lo que yo veo me hace tirarme de rodillas y orar por esas personas”, dijo con tono de preocupación.

También describe momentos de felicidad junto a su abuelo, un pastor bautista por años pilar de la familia que llevaba a sus nietos a la iglesia varias veces por semana, religiosamente. Ambos, abuelo e iglesia, tuvieron un impacto importante en su vida. Ir a la Iglesia de niño lo conectaba con sus tres grandes amores en la vida: familia, fe y música, y eso se ha mantenido.

“Yo siempre digo que a mí me va bien por mi abuelo y por mi papá (también pastor) porque eran santos, eran hombres fuera de serie. Esa gente vivía nada más para hacer el bien y ayudar a las otras personas”, dijo el padre de cinco y también filántropo, creador de un programa de becas de la Fundación ASCAP que ayuda a niños latinos de bajos recursos a estudiar música en Berklee y la Universidad de Miami.

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